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El valor de un hombre no se mide ni por su dinero, ni por su inteligencia ni por su felicidad; se mide por su capacidad de exteriorizar lo menos posible su tristeza.
Ha llegado la hora de decir adiós, de despedirme de esas pequeñas grandes cosas que hacen que este mal. Dentro de poco podré estar en ese lugar en el que siempre he soñado, allí donde todo es tan impersonal y al cual le temo.
En normal sentir el temor por lo desconocido, tan normal como absurdo, pero estoy dispuesto a correr el riego, voy a cruzar la frontera y afrontar ese miedo paralizante. Todos tienen miedo, pavor, pánico, fobia y, sin mentir, no niego que yo no las tenga pero me considero un valiente, un tipo que sabe reconocer sus debilidades y que luchará por superarlas.
El nudo que apenas me deja respirar cada día es más duro; no solo ha afectado mi mente sino también mis sentimientos; ha hecho un mármol mi corazón y un iceberg mi sangre.
He cometido varios errores que el tiempo nunca me enseñó a subsanar y menos aún intentar repararlos. Esos errores son los que me han condenado mil y una veces y a pesar de todo sigo en pie, manteniendo el equilibrio universal sobre mis hombros y con lágrimas en los ojos.
Espero poder despertar a tiempo para verte sonreír y descubrir que mi viaje no fue en vano. Nadie sabe lo que el tiempo ha de prepararnos, puede llevarnos a la infinitud de la existencia o resucitarnos limitadamente. Tan limitada es, la resurrección, que solo se le ha concedido a uno solo en este lodo mundanal.
El tiempo deja sus huellas como lo hace el mar al erosionar una roca en alguna costa del pacifico ó borra los recuerdos como el viento a las dunas del Sahara. Los eco de las palabras algunas vez dicha quedaran, cortamente, en la memoria de algunos pocos y en la de otros solo habrá sido un sonido mas del mundo.
Antes que las agujas terminen su final de eterno recorrido habré podido decirle a esa persona que la amé, que la amé tanto que ha cambiado mi vida, que ahora soy un hombre que ha bebido una gota de existencia y solo le queda decir adiós porque toda mi misión está cumplida, sea cual sea esa misión, hoy ha terminado.
He dicho te amo, amor de mi vida, no quiero separarme de ti, tengo un plan para irme a trabajar, ahora soy un hombre que corre para beber su destino porque es así como debe ser y te lo digo ahora porque tal vez no tengamos un mañana, es así.
Prefiero que no sepamos lo que la existencia ha hecho de cada uno de nosotros, es mejor cruzarnos alguna vez en los caminos eternos antes que en las sendas de la casualidad. Nada mejor que una despedida en silencio.
Adiós.
Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen.
Arthur Schnitzler (1862-1931) Dramaturgo austríaco.
HOLA!
ResponderEliminarBienvenido al nuevo blog!
Me alegra que estés saliendo adelante y acordate de ésto:
"Liberá tu mente, que el culo te seguirá".
Una máxima para la vida diaria que yo uso. Jojojo!
Un abrazo.