miércoles, 16 de diciembre de 2009

9no Día


Esta sociedad nos da facilidades para hacer el amor, pero no para enamorarnos.


Antonio Gala

1930-?. Dramaturgo, poeta y novelista español.



Analizando la literatura del siglo XIX, XX y XXI para un examen que tengo que presentar en la facultad. Me he dado cuenta de ciertas coincidencias que plasmó la literatura y que, sin dudas, son temas que nos agobian día a día en nuestra sutil existencia.


Los “malos” amores, por ejemplo; no sé bien si llamarlos “malos”, “errados”, “equivocados” o por que no “fortuitos”.


Todos como hombres post-modernos llevamos a dentro un “Don Juan”, sí, aunque parezca gracioso o increíble. Ya seamos hombres o mujeres pero todos tenemos a éste mítico personaje literario en nuestras venas. Es estos tiempo buscamos el placer, el goce, la satisfacción momentánea porque nos vemos reducidos a pasajero, lo rápido, lo veloz, lo efímero relegando “para otro momento” el trabajo que implica BUSCAR EL AMOR.


Buscamos disfrutar el momento, éste momento, el “carpe diem” que nuestro cuerpo nos impulsa. No tomamos en cuenta el futuro, creemos que seremos jóvenes para siempre, que no corremos peligros en nuestros años de juventud. No creemos en seres divinos o no del todo, nuestro destino es ser agnósticos o eclécticos.
Considero que Don Juan era así. Buscaba la satisfacción del cuerpo sin considerar la del alma, no tomaba en cuenta su futuro porque su presente no le permitía, o en todo caso el mismo no se lo permitía, mirar más allá de su propia arrogancia.


¿Por qué no se enamoró nunca?


Tal vez sea difícil pretender responder algo así, sin embargo puedo esbozar una posible respuesta.


No se enamoró nunca, a pesar que tuvo oportunidades, por miedo. Muy valiente para los de afuera, muy temeroso para sí mismo. Las mujeres buscan un hombre seguro, alguien que sea su protector, que tenga algo más que engaños débiles para ofrecer y, lamentablemente, él no lo era. Caminaba entre el la vanidad del egocentrismo y el orgullo de mostrar aprecio a otra persona que no sea un vil reflejo de sí mismo.


Otra persona, en lo personal considero “La mujer de las mujeres”, es Jimena. La también no menos importante JIMENA, esposa de Rodrigo Díaz de Vivar.


Antonio Gala se ha transformado indudablemente en mi escritor favorito. El nos demuestra como, aún en el siglo XX y principios del siglo XXI las mujeres aún deben estar relegada a los deseos de los hombres pero que empiezan a reaccionar frente a nosotros, muestran su infinita capacidad para analizar al otro, la voracidad verbal con la que se manejan y que para hacer una revolución no es necesario “saltar los muros como mona” y, también, que los amores nunca son lo que en verdad tienen que ser.


El amor de Jimena hacía Álvar Fáñez, su amor oculto, rompe todas las reglas que establece la sociedad. Pero ¿Hay que relegar nuestros deseos por respetar los deseos de los demás? Ella no creía que eso fuese realmente necesario o justo. Decidió “vender su alma al diablo” e intentar conquistar a su amor, dejando de lado todos aquellos prejuicios que condicionan la tranquila existencia humana. Apostó, creyó y perdió. “El hombre”, su hombre le dio la espalda, se acató a las reglas hirientes de una sociedad que no sabe donde está parada y establece normal virtuales que no hacen nada más que despertar deseos de trascenderlas. Éste “tipo” si que tenía un Don Juan dentro suyo, huyó a lo que podría haber sido su oportunidad de salvación. Su hombría se redujo a un simple engaño de su parte.


Jimena vive en mis pensamientos como figura heroica, como mujer que dio todo de sí por lo que deseaba y no recibió nada, pero absolutamente nada a cambio. Logró hacerme y hacernos entender que los hombres somos más débiles a las pasiones de lo que aparentamos, no somos una quinta parte de la decena que decimos ser.

Nuestro centro no soporta otro peso que no sea el nuestro propio, es por eso que vivimos perdiendo el equilibrio; por esto Don Juan no pudo pasar de ser un Mito, allí se quedó, en el recuerdo superficial de los caminantes de este mundo.



"Siendo siempre el despojo de un héroe para que el héroe lo pueda seguir siendo…Sin Jimena no hay Cid, yo soy la prueba."


Jimena, "Anillos para una dama", Antonio Gala, 1973.

lunes, 7 de diciembre de 2009




♪ Nadie me habla de ti (porque no conozco a nadie que pueda hacerlo) y sin embargo te extraño (aunque lo creas imposible) no me resigno a olvidarte aunque pasen los años (porque a pesar de todo, te lo he prometido y pienso cumplirlo). ¿Qué será de ti?, ¿por dónde andarás?, ¿a qué distancia te encuentras de mi soledad?(sólo tu alma puede decirmelo pero tu corazón no te deja porque no soy el que él ama). Como quisiera saber si es que aun me recuerdas, si has preguntado por mi si te duele mi ausencia (quisiera saber lo mismo e intentar decirte muchas cosas cara a cara).Que ha cambiado en ti y en tu corazón como ha seguido tu vida después de mi amor (¿fue amor?). Desde que no estas aquí ya no puedo encontrar de nuevo el sentido de la libertad (guauu que fuerte es la mente y pretencioso el corazón), sin ti no imagino volver a empezar (indudablemente puedes, nada ni nadie te lo imposibilita)... ♪




Pienso que nada es como uno lo tiene en su mente. El mundo "PERFECTO" no existe, existen las fantasias efímeras y las palabras utópicas que llegan a un corazón vencido por las batallas interminables que sabe que volverá a perder una y otra vez y sin embargo decidió intentar para volver a perder...

sábado, 31 de octubre de 2009

¿Cómo Eres...?


Cómo eres…


Eres esa parte de la existencia humana que me hace ser humano. Tú haces que aprenda a corregir mis errores con sabiduría, reflexión y conciencia.


Eres esa porción de sueño que vive en mí, es por ti por quién respiro aire de esperanza; una esperanza que me ayuda a seguir adelante, que me incentiva, alienta, empuja…Eres.


Eres el corazón que late a cada segundo llevando sangre a mi existencia. Puedo sentirte en mi cuerpo, recorrerlo todo, paseando por cada rincón de la estructura existencial sin miedos, ni temores, solo te dejas llevar por la corriente.


Eres cada sueño que se hace realidad en mi mente por las noches. Sabes crear universos de infinita felicidad en la inmensidad de la mente. Puedes hacer que los sentidos se vuelvan humanos.


Eres esa persona que tiene un perfume exquisito de vitalidad luchadora. Cada gota es un elipsis infinito que me lleva a finitud del infinito.


Eres las mil y unas palabras dulces de la tierra, lo simplificas todo…todo en tu nombre, en tu persona, en tu ser, en tu alma, en tu existencia…


Eres por quien hoy vivo y disfruto y por quien aprendo a ser más humano cada día. Eres por quien aprendí a volver a creer en los sueños. Eres todo lo que me ayuda a luchar para conseguir lo que deseo.


Eres mi DIOS, mi BUDA, mi ALÁ, mi Redentor… Eres esa divinización que mi corazón buscaba.


Eres…Eres TODO lo que no puedo decir porque mis sentimientos viven, ahora, en ti.


Eres a lo que agradezco a la vida por haberme regalado. Gracias por existir.

domingo, 27 de septiembre de 2009

8vo Día






Aprendí que no se puede dar marcha atrás, que la esencia de la vida es ir hacia adelante.


La vida, en realidad, es una calle de sentido único.

Agatha Christie (1891-1976) Novelista inglesa.





Un esplendoroso trueno anunciaba la llegada de una tormenta torrencial del cielo en primavera. Era la noche perfecta, la hojarasca del invierno estaba desapareciendo del suelo opacada por el verde nacimiento de los principios de septiembre; el viento ya no golpeaba los rostros ni ocultaba las almas como en julio; el rocío primaveral era un elipsis de vida para las sucumbidas almas que estuvieron a punto de darse por vencidas.


Tras haber esperado 365 lunas de pensamientos constantes el cielo me regaló un alma especial, única, irremplazable, particular. Después de haber competido con el firmamento por saber quién desechaba más agua para limpiar el alma ahora, la mía, es del color de las nubes con destellos estrellantes y estela meteórica.



Mis ojos veían su presencia pero mi mente no lo podía razonar; mis labios podían tocar los suyos pero mi corazón exaltado estaba perdido; mis manos recorrieron su cabello, su cara, su espalda y se estancaron en su cintura no querían avanzar, tenían miedo de desaparecer; SU dulce risa alimentaba mi existencia; la exquisitez de sus palabras calmaron mis sentidos e hizo de mi el ser más dichoso de la existencia.


La lluvia limpiaba todo echo anterior sin importancia, purificaba el mundo y los sentimientos. Los truenos abordaban nuestra habitación intentando entrar, junto con las infinitas gotas de agua, por el transparente cristal.



Nuestras almas se unían por primera vez, el calor de su piel aplacaba las escarchas de la mía y, por primera vez, empezaba a sentir algo diferente en mi cuerpo y sé que eso se llama amor. Entre gotas y reflejos oportunos podíamos vernos a los ojos, frente a frente, no hacía falta soltar palabra alguna; nuestros sentidos hablaban por nosotros, el éxtasis era tal que el fuego nos elevaba, más y más, con cada beso y caricia.


Podía sentir sus ganas de vivir junto a las mías; la respiración casi no existía, el pecho me aprisionaba, mi sangre navegaba turbulentamente por mis venas suspirando en su dulce cuello de mil besos irrecuperablemente dados. Sus abrazos eran cadenas divinas de las cuales no quería escapar; sus ojos amarronadamente acaramelados me iluminaba en la magnifica oscuridad de tiempo; sus manos dejaban una huella de satisfacción, a cada segundo, en mi espalda como marcas de propiedad.



Sentí que yo ya era parte de su vida y de su cuerpo. No había dualidad ya, solo una unívoca y perfecta alma incontrolablemente envidiada por los dioses del Olimpo.


La noche era perfecta para unir las almas en la íntimamente existencia infinita de corazones dichosos de amor y deseos.







Lástima que cuando uno empieza a aprender el oficio de vivir ya hay que morir.

Ernesto Sábato (1911-?) Escritor argentino.

martes, 22 de septiembre de 2009

7mo Día


No hay árbol que el viento no haya sacudido.

Proverbio hindú


El tiempo… el tiempo es ese elemento sustancial de la existencia que nadie podrá ver o tocar, hablarle o gritarle, pedirle o rogarle porque, más que DIOS, es la omnipotencia oculta en las facciones humanas.

La espera por algo que “tiene que llegar” en algún momento me desespera, no estoy echo para esperar; soy como castillo de arena que, grano a grano, va perdiendo equilibrio sin esperar a que la marea del ocaso llegue.

Quiero terminar el camino que inicié años atrás, ese camino arduo, empinado, elevado y lleno de obstáculos puesto a propósito por personas que, muchas veces, son demasiado crueles. No aguanto esperar, pero aquí está el problema, sé, porque soy consciente, que la espera tiene sus frutos, sin embargo, parece que cuanto más me esfuerzo los resultados son los peores, el rendimiento es menor y no quiero eso.

Hay veces que, en la pequeñez de mi cama, puedo cerrar los ojos e imaginar que el momento cumbre, uno de los cientos de momentos que espero tener, llega al fin, después de tanta espera, llega; y es allí cuando empieza la pesadilla, ese no es “mi” momento, es el de alguien más pero no el mío. Y, como de costumbre, despierto angustiado y vivo todo el día con ese pensamiento benévolo en mi mente. Día a día pongo lo mejor de mí para ser ese hombre que ansío pero no avanzo o, por lo menos, eso siento.

Unamuno dice que "El que tiene fe en sí mismo no necesita que los demás crean en él."

Que afirmación más cierta y precisa, sin embargo, sin ánimos de contradecir a Unamuno, pienso que a veces es necesario que alguien más crea en uno mismo. No podemos soportar el peso del valor, la decisión, el coraje y el énfasis en nuestros brazos sin beber una gota de aliento de alguien más, sea quién sea. Todos en algún momento vamos a caer, indudablemente, pero caer sabiendo que una persona nos da aliento para seguir es muy gratificante y endulza el alma cuando esta probando las saladas lágrimas de dolor.

"Jamás desesperes, aún estando en las mas sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante."

Es verdad, Miguel tienes razón, por más negras y turbias que puedan parecer las nubes siempre ha de caer agua limpia en las magníficas tardes de crepúsculo, cuando las nubes acenizadas cubren los últimos destellos de reminiscencias mitológicas y a la hora del nacimiento de los profundos pensamientos invasores de mi mente.

Esperar al tiempo es una analogía mortalmente eterna sin un final feliz pero sin uno triste tampoco.

Sigilosamente he decidido esperar, aunque la espera no sea mi fuerte, voy a poner voluntad y serenidad para construir mi propio puente.

Prometo no satisfacerme nunca, no acostumbrarme sino tanto esfuerzo no tendría valor; navegaré por los océanos del esfuerzo y exploraré cada cosa que en mi camino sea obstáculo para poder sortearlo con clase y estilo y así no dejar una huella anónima en mi existencia.

No gastaré energía en festejar logros pasados; las invertiré en los actuales para poder cultivar un ars vivendi digno de ser un elogio a mi memoria.



"Los satisfechos, los felices, no aman; se duermen en la costumbre."

Miguel de Unamuno- escritor y filósofo español

martes, 1 de septiembre de 2009

El límite...






El valor de un hombre no se mide ni por su dinero, ni por su inteligencia ni por su felicidad; se mide por su capacidad de exteriorizar lo menos posible su tristeza.


Ha llegado la hora de decir adiós, de despedirme de esas pequeñas grandes cosas que hacen que este mal. Dentro de poco podré estar en ese lugar en el que siempre he soñado, allí donde todo es tan impersonal y al cual le temo.


En normal sentir el temor por lo desconocido, tan normal como absurdo, pero estoy dispuesto a correr el riego, voy a cruzar la frontera y afrontar ese miedo paralizante. Todos tienen miedo, pavor, pánico, fobia y, sin mentir, no niego que yo no las tenga pero me considero un valiente, un tipo que sabe reconocer sus debilidades y que luchará por superarlas.


El nudo que apenas me deja respirar cada día es más duro; no solo ha afectado mi mente sino también mis sentimientos; ha hecho un mármol mi corazón y un iceberg mi sangre.


He cometido varios errores que el tiempo nunca me enseñó a subsanar y menos aún intentar repararlos. Esos errores son los que me han condenado mil y una veces y a pesar de todo sigo en pie, manteniendo el equilibrio universal sobre mis hombros y con lágrimas en los ojos.


Espero poder despertar a tiempo para verte sonreír y descubrir que mi viaje no fue en vano. Nadie sabe lo que el tiempo ha de prepararnos, puede llevarnos a la infinitud de la existencia o resucitarnos limitadamente. Tan limitada es, la resurrección, que solo se le ha concedido a uno solo en este lodo mundanal.


El tiempo deja sus huellas como lo hace el mar al erosionar una roca en alguna costa del pacifico ó borra los recuerdos como el viento a las dunas del Sahara. Los eco de las palabras algunas vez dicha quedaran, cortamente, en la memoria de algunos pocos y en la de otros solo habrá sido un sonido mas del mundo.


Antes que las agujas terminen su final de eterno recorrido habré podido decirle a esa persona que la amé, que la amé tanto que ha cambiado mi vida, que ahora soy un hombre que ha bebido una gota de existencia y solo le queda decir adiós porque toda mi misión está cumplida, sea cual sea esa misión, hoy ha terminado.


He dicho te amo, amor de mi vida, no quiero separarme de ti, tengo un plan para irme a trabajar, ahora soy un hombre que corre para beber su destino porque es así como debe ser y te lo digo ahora porque tal vez no tengamos un mañana, es así.


Prefiero que no sepamos lo que la existencia ha hecho de cada uno de nosotros, es mejor cruzarnos alguna vez en los caminos eternos antes que en las sendas de la casualidad. Nada mejor que una despedida en silencio.
Adiós.

Las despedidas siempre duelen, aun cuando haga tiempo que se ansíen.



Arthur Schnitzler (1862-1931) Dramaturgo austríaco.

jueves, 6 de agosto de 2009

6to Día

El hombre que ha empezado a vivir seriamente por dentro, empieza a vivir más sencillamente por fuera.
Ernest Hemingway (1896-1961) Escritor estadounidense.



En aquel momento me percaté de que no era un sueño más de aquellos tanto, esta vez no, era realidad, allí estaba, tirado en el piso, con mi cabeza apoyada sobre sus piernas, sus manos me sostenía, mi cuerpo, ya sin energías, estaba en medio de ese mundo de personas que circunstancialmente circulaban por el lugar.

Nunca pensé terminar mi vida así. Es verdad eso que dicen que al momento de pasar al otro lado puedes ver toda tu vida en un minuto. También puedes ver una luz blanca, pero no es el blanco abstracto con el que nos idealizamos en toda una existencia pasajera, nada ni siquiera las palabras o la imaginación pueden describirla.

Ese día fue el mejor de todos, tenía mis padres, mis hermanos, mis amigos y a esa persona que nunca imagine tener, si, esa persona que con tan solo el hecho de existir puede hacer que la vida sienta la infelicidad a mi lado. El clima de ese día se asemejaba al paraíso terrenal que los españoles habían encontrado al pisar América; el cielo azul no tenía nada que envidiarle al mar, el verde de los arboles brillaba como esmeralda fresca, el sol claro en su temperatura justa nos acariciaba con una suave brisa de tranquilidad. Aquel momento, en que lo eterno se volvió pasajero en insignificante, fue digno de una alegría de diamante que con cada gota daba el tiempo justo al reloj de existencia.

Suavemente fuerte fijé la vista en sus almendrados, supe que era el momento, suspiré y le dije el mayor de los secretos al oído para que pudiese seguir más allá; así al momento de volver pudiésemos ser algo más que dos almas complacientes. Mis palabras estaban, ya, en mis sentidos. Podía percibir el aroma de su perfume, aunque era la primera vez pero sin dudas era suyo; he probado sus labios naturales, tan preciados como las manzanas del Edén pero libre de culpas y pecado; Su mano suplicaba, rogaba y exclamaba sobre la mía. Pero allí estaba, sin ser nada más que una parte de la química existencial sin existencia.

Desde aquella vista invisible podía ser omnisciente, saber, pensar, sentir como muchos de los que me rodeaban pero era inútil intentar sentir otra vez.

Y una voz, a desde lejos, como eco mitológico murmuraba y sin entender no quería separarme de lo mundanal. Mi alma percibía, en frio, los esfuerzos en vano del destino intentado. Sus lágrimas no eran nada más que anclas de sacrificio. Sentía la perturbación general, el desasosiego, la angustia cruelmente despiadada y la impotencia desesperante.

Una vez más el tiempo ganaba pero, esta vez, no por supremacía u omnipotencia sino por trampa al no poder soportar las burbujas acrónicas de una persona que vive su vida y hace ella su propio tiempo y espacio. Era una batalla de mil hombres sobre uno.

Nunca pensé, que dejar un lugar en este cosmos, era tan confuso. No podía aceptar la idea de ver a mí alrededor y ser un imán de sentidos ajenos. Bárbaramente cuidadoso interrumpir el minuto inmortal, corté esa cinta, encendí mi propia luz y en escribí con letras clara y precisa en el medio de la cinta: “aquí inicia el resto de mi vida…” y así, decidí despertar, apagué aquella luz compartida y prendí la mía, esa que solo manejo yo mismo. Miré por la ventana y parecía que el día iba a ser el mejor de todos, tenía mis padres, mis hermanos y a esa persona que nunca imagine tener, si, esa persona que con tan solo el hecho de existir puede hacer que la vida sienta la infelicidad a mi lado…




Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades.
Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) Escritor español.