domingo, 5 de julio de 2009

5to Día

El individuo ha luchado siempre para no ser absorbido por la tribu.
Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado.
Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.

Friedrich Nietzsche (1844-1900) Filosofo alemán.

Desde hace muchos días me he preguntando reiteradamente algunas cuestiones que sinceramente no encuentro argumentos válidos para dar una respuesta dignamente aceptable.

Cuando uno es adolescente cree que el mundo es una maravilla, donde las buenas acciones son las que abundan, que los amigos son esas personas que uno tendrá a su lado por el resto de la existencia, que las cosas malas solo le suceden a las personas malas; como adolescente creemos que podemos cambiar el mundo con tan solo un grito; creemos que la felicidad durará eternamente y que nada ni nada puede interrumpir nuestro camino a la meta.

Well, welcome to the world!

Como es experiencia, de todos los que hemos pasado por la etapa adolescente, sabemos que nada de lo dicho anteriormente es así! Nada en el mundo es una maravilla por si solo, hay que encontrarle la cara y el sabor que a uno mas le agrade; las buenas acciones son tan escasas como manantial de agua en medio del Sahara; los amigos, hoy en día, están en peligro de extinción como animal amazónico y las cosas malas le suceden a las personas que menos se lo merecen, a aquellas personas que muchas veces no son las mejores pero si las más adecuadas para ser respetadas por la vida; Cambiar el mundo es tan difícil como aceptar los cambios y verdades propias, esas verdades que uno tiene que mirar bien a dentro suyo y tomar el coraje que se requiere para hacerle frente, lo cual trae aparejado lo que comúnmente llamamos “falta de felicidad” o, simplemente, “infelicidad”.

No seré ni el primero ni el último en hacerme este cuestionamiento pero, sin embargo, creo que el mundo y algunas personas se alían para ponerse en nuestra contra. Y me centro en algo antes mencionado, en eso de “cambiar el mundo es tan difícil como aceptar los cambios y verdades propias”.

La verdades propias!

Que valentía hay que tener para afrontar las verdades… He escuchado pocas voces valientes, que me han contado sus enfrentamientos al mundo, y que no les pasó nada, siguen vivos, íntegros, con dolores a causa de la guerra pero con la cabeza en alto, respiran sin presiones nada ha de cambiar el rumbo del destino a menos que ellos lo decidan.

Es allí cuando me surgió la pregunta “¿Por qué siempre hay que rendir cuentas sino le sacamos prestado nada a nadie?”

¿Será qué estamos destinados a vivir dando cuenta de nuestras acciones a todos menos a nosotros mismo y a estar subordinados a otros y descuidar nuestra integridad por el bien de la humanidad, aunque nosotros seamos parte de ella?

Pienso en algún momento ahí que “tomar la batuta y dirigir la orquesta”, dirigir y hacer que nuestra vida sea tan esplendida como las sinfonías de BEETHOVEN, que suenen a nuestro compas acariciando el alma y suavizando el corazón, hacernos sentir especial y eternamente vivos.

Es inevitable sentir el miedo, aquel miedo, que no deja dormir y asfixia con lágrimas, ese es peor que la muerte…


La libertad es el mayor deseo de los libres...

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